El Otro

“El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero”

“El Otro”.

Jorge Luis Borges.

El otro día estaba paseando por el bosque en una mañana fría, seca y soleada típica de Madrid en invierno. Cuando pasaba cerca del colegio al que fui durante toda mi etapa escolar desde los cinco años vi a un chaval sentado en una piedra, descansando. Iba en chándal y llevaba un balón de baloncesto al lado. Claramente venía de entrenar o de jugar un partido.

Al mirarlo por segunda vez tuve esa sensación de déjà vu que tenemos todos de vez en cuando. Excepto que esta vez la sensación estaba plenamente justificada. El chaval era exactamente igual que yo hace treinta años. Confundido, temeroso e intrigado me dirigí a él:

  • Hola.
  • Hola.
  • Vienes de entrenar ¿no?
  • ¿Qué quiere?
  • Tranquilo, no quiero nada. Es sólo que como puedes ver nos parecemos mucho. Casi como si fuéramos gemelos.
  • ¿No te parece?
  • Sí, nos damos un aire.
  • ¿Un aire? ¡Pero si somos iguales!
  • Bueno, iguales, iguales… Sí nos parecemos, es cierto.
  • En realidad, eres igual a mí cuando tenía 20 años.
  • Ah, sí, bueno… qué curioso. Disculpe, pero me tengo que marchar ya.
  • Espera, por favor.
  • ¿Qué pasa?
  • ¿No te llamarás Roberto, verdad?
  • Sí, ¿cómo lo sabe?
  • Entonces vives en Abubilla 51.
  • Oiga, ¿qué broma es esta? ¿Cómo sabe cómo me llamo y dónde vivo?
  • Yo tampoco lo entiendo, pero, por disparatado que sea lo que está pasando, me parece que está claro.
  • ¿Qué está claro?
  • Que somos la misma persona. Que los dos somos Roberto, el mismo Roberto, lo que pasa es que uno con 20 años, calculo, y el otro con 50. Esto último sí lo sé seguro.
  • Menuda parida. Mire, hasta ahora creo que he sido bastante educado, pero ya está bien con la bromita esta o lo que sea. Me largo.
  • Espera, por favor.
  • Por favor, quítese del medio.
  • Te escayolaron un brazo a los cinco años, te caíste a la piscina congelada cuando aun no sabías nadar y te salvó tu hermana, el profesor de inglés (“el Collin”) te echó de clase en octavo de EGB por culpa de Carlos Díaz… ¿Sigo?
  • No tengo ni idea de cómo sabe todo eso. Claramente se trata de una broma que me está gastando Javi o alguien del equipo que le habrá contado todo esto, pero yo no le veo la gracia. Se lo puede decir de mi parte si los ve antes que yo. Ahora sí que me voy.
  • ¡Espera! ¡Dime algo que sólo tú puedas saber!
  • Le he dicho que me deje en paz.
  • Uno de tus números preferidos es el 23. Y no creo que le hayas dicho a nadie, no porque sea un secreto sino porque ni te habrás parado a pensarlo, que decidiste que lo fuera después de ver una foto de Michael Jordan en la revista Nuevo Basket en la final de la NCAA con North Carolina. El otro número en el pódium de tus preferencias es el 14 (era tu número en clase, tu día de nacimiento,…). Luego, a más distancia, están el 12 y el 51.
  • Joder…
  • Te lo he dicho. No sé cómo es posible, pero somos la misma persona en diferentes momentos del tiempo.
  • ¿Tipo Regreso al Futuro?
  • O eso o se ha producido una singularidad en un pliegue del espacio-tiempo.
  • Si de verdad somos la misma persona, no tienes ni idea de lo que acabas de decir.
  • Cierto.
  • Lo más probable es que esto sea un sueño.
  • Puede ser. Pero ¿quién está soñando? ¿Tú o yo?
  • Ni idea.
  • Bueno, vamos a aprovechar, que el sueño, la singularidad o lo que sea seguro que se interrumpe en cualquier momento.
  • Aprovechar ¿para qué?
  • Estás ante ti mismo dentro de 30 años. ¿No me quieres preguntar nada?
  • No se me había ocurrido. Por lo que veo he perdido claramente la forma física. Por lo menos veo que no soy calvo.
  • ¿Esto es todo lo que se te ocurre? Como ves también se te ha pasado el acné juvenil, que ya eres bastante mayorcito para seguir teniéndolo.
  • Vale, vale, lo siento. En el fondo es absurdo meterme conmigo mismo. A ver, déjame que piense: ¿voy a aprobar la carrera? ¿Voy a tener un buen trabajo luego? ¿Dónde voy a trabajar?
  • Sí, vas a aprobar y del trabajo no te podrás quejar. La mayor parte de tu carrera la harás en un banco.
  • ¿Qué? ¿En un banco? ¡Ni de coña!
  • Tranquilo, no es lo que crees. No vas a estar en la caja de una sucursal. En los bancos hay muchas otras cosas que hacer, aunque aún no lo sepas. Pero estamos perdiendo el tiempo. No te voy a hablar ni de tu trabajo, ni de si te vas a casar con Isabel ni de si el Madrid va a ganar la copa de Europa. No tenemos tiempo y además tu camino tendrás que hacerlo tú solo.
  • Entonces ¿qué quieres que te pregunte?
  • En realidad, no hace falta que me preguntes nada, porque tú eres yo y ya he estado ahí antes. Sé perfectamente lo que te preocupa y cómo te sientes. Así que lo único que te voy a decir es que estés tranquilo, que no te preocupes por el futuro ni te impacientes. Todo llegará de forma natural. Trata de disfrutar de tu momento actual, que es único. Trata de darte cuenta de que nunca más te sentirás con tan pocas responsabilidades ni con todo el futuro por delante. Aprovéchalo y disfrútalo. Y confía. Confía en que todo saldrá bien y, sobre todo, confía mucho en ti mismo y en la gente que te quiere. Sigue pensando que las cosas se pueden cambiar, aunque sea en nuestro pequeño ámbito de influencia. Procura tener más paciencia y trata de entender a los demás. No siempre tienes la razón y la gente no está contra ti. Esto te evitará algunos errores y disgustos.
  • Sí, a veces me entra ansiedad por lo que va a pasar en los próximos años. Me da miedo saber si encontraré trabajo, si me gustará, si lo haré bien, lo de la responsabilidad… Eso que a poco observador que seas ya sabes que es lo que toca dentro de muy pocos años.
  • Pues por eso te lo digo. Tocará cuando toque y no te tienes que preocupar por eso. Sé que ahora no lo ves, pero te lo digo yo, que soy tú y ya he pasado por eso. Tú dedícate a ir día a día, tranquilo y al futuro y las responsabilidades que les den. Nunca dejes de tomarte todo un poco a coña, exactamente igual que haces ahora.
  • Vale, una pregunta.
  • Dime.
  • A tu edad ¿me voy a sentir como un señor? ¿Más serio? ¿Más seguro?
  • Por suerte o por desgracia, no. Yo me siento como si tuviera tu edad mentalmente. Otra cosa es que me haya dado cuenta de que hay muchas de las cosas por las que nos preocupamos a cierta edad que son auténticas chorradas. Por eso parezco más seguro desde fuera, pero en realidad es, no sé, experiencia o perspectiva si quieres.
  • Vale, creo que lo pillo. O sea, que todo igualito que ahora sólo que con 30 kilos más.
  • Muy gracioso ¿Algo más?
  • No, yo creo que con esto que me has dicho ya me vale. Muchas gracias… tocayo. Tomo nota. La verdad es que me siento mucho mejor ahora.
  • ¿Tocayo?
  • Bueno, es que no sé cómo llamarte. ¿Hay algo que tú quieras saber?
  • Yo ya lo sé todo de ti.
  • Es verdad. Pues nada entonces.
  • Espera. Sí hay una cosa que puedes hacer si no te importa.
  • Claro, dime.
  • Dile a papá y a Carlos que los quieres mucho.
  • ¿Por? ¿Qué pasa? ¿Les va a pasar algo? ¡Di!
  • No, no, perdona. Te he asustado sin darme cuenta. Es sólo que sé que… que… no muestras mucho tus sentimientos y aunque no te lo digan les gustaría que te abrieras un poco más con ellos.
  • Ya, bueno, a mí no me puedes torear mucho porque sé todos tus trucos, pero en fin. No quiero saber nada que no me toque saber todavía. Tienes razón.
  • Oye, un momento. ¿Has visto ese señor que va paseando por ahí con bastón?
  • ¿El abuelo ese?
  • Sí, pero mira. ¡Es igual que nosotros pero en viejo! Bueno, en más viejo, quiero decir.
  • ¡Es verdad! ¡Corre! ¡Vamos a hablar con él antes de la paradoja temporal se vaya al carajo!
  • ¡Don Roberto! ¡Don Roberto! ¡Espérenos un momento, por favor!

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