Corazón y cabeza

Muchas veces son personas totalmente ajenas al gremio las que nos dan auténticas lecciones de coaching con su ejemplo.

Y una de esas personas es T., un antiguo banquero que:

  1. Abrió su embudo a una edad ya relativamente avanzada y sin necesidad de hacerlo. Sin miedo a la incertidumbre, la inestabilidad, la incompresión de los demás, el qué dirán … mirando las cosas con distancia y mucha relatividad. Y haciéndose la pregunta: “¿qué es lo peor que podría pasar?”
  2. Salió de su zona de confort: un trabajo sencillo para él, que conocía muy bien y que además estaba muy bien remunerado.
  3. Se lanzó de lleno a la búsqueda de su sueño, algo mucho más artístico / humanista que el mundo financiero, y de lo que sabía poco hasta ese momento.
  4. “Fracasó”, y lo entrecomillo porque realmente no fue un fracaso. Simplemente no consiguió triunfar a la escala que pretendía, ni obtener los resultados que esperaba.
  5. Aprendió y sacó provecho de su “fracaso”: Supo parar “a tiempo” (stop loss, en el lenguaje del trading), sin dramas y valorando positivamente el intento y todo lo aprendido en el proceso (aquel capítulo de su vida le dejó un hobbie que hoy cultiva en su tiempo libre y herramientas que usa en su nueva vida profesional).
  6. Se volvió a reinventar, encontró su sitio y actualmente triunfa con un proyecto profesional en el que pone toda su pasión, sus energías, su esfuerzo y su corazón.

Con una visión clara de dónde quiere estar y quién quiere ser a 20 años vista.

Con unos valores muy claros que son los pilares de su empresa y de su marca, que se perciben como muy auténticas y cercanas.

Con una enorme confianza en sí mismo y en su proyecto.

Y sin miedo, porque el miedo paraliza, y nos impide decidir, crear, aprender, y avanzar.

Es decir, con todos los ingredientes básicos y de manual de coaching de liderazgo.

Pero más allá de toda esa pasión, valores, visión, valentía… el caso de T. nos gusta porque a su sueño no sólo le pone corazón, sino también cabeza.

Porque, como buen exbanquero, no sueña sin más ni vive en el mundo del flower power. Sino que construye su visión sobre una auténtica estrategia de negocio, con un plan financiero y otro de marketing y comunicación, con una red extensa de contactos. Y, sobre todo, tomándose a sí mismo y a su pasión muy en serio.

Es decir, poniéndose en valor y no avergonzándose (más bien al contrario) por poner un precio “x” a sus servicios y no conformarse con menos.

Por eso T. se denomina a sí mismo “emprendedor”, y hace hincapié en esto, para diferenciarlo del objetivo de su empresa (sector de la enseñanza).

Una actitud muy americana, aunque él no lo sea.

Para nuestro approach coaching-mentoring / idealismo-realismo / quijotismo -pragmatismo, la historia de T. es realmente inspiradora.

Es la prueba viviente de que nuestra teoría del todo funciona, de que se puede ser un soñador valiente y a la vez tener los pies en el suelo para saber cómo enfocar ese sueño, como materializarlo, como hacerlo crecer…

E incluso cuándo “renunciar” a él sin estigmas de ningún tipo (opiniones propias y ajenas) y sin que dicha renuncia implique rendirse, conformarse, dejar de soñar (sueños nuevos) o, como decía Roberto en su último post, perder los últimos resquicios de nuestra infancia.

Así que yo también comienzo 2019 apostando por ilusiones nuevas o renovadas (no sólo opciones y posibilidades) con corazón y cabeza. O, como dice aquel proverbio chino: “Sé como un árbol: con ramas abiertas hacia el cielo y raíces bien ancladas en la tierra.”

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